viernes, 24 de junio de 2011

PARÁBOLA BLOGMANÍACA DE LA EDUCACIÓN.

Se me acaban las palabras. Creo que el mediterráneo se convirtió por momentos en un océano de alegría y pena.
Les dejo, un pequeño cuento adaptado.

"Parábola Blogmaníaca de la Educación"

Iba un blogmaníaco caminando por Jacarilla, cuando oyó la voz de Conchita que le dijo: "Agáchate y coge unos guijarros, mételos en tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento."

Aquel blogmaníaco hizo caso de las palabras de Conchita. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo.

A la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas.

Y se sintió feliz y triste a la vez.

Feliz, por haber cogido guijarros, triste por no haber cogido más.

Lo mismo ocurre con lo educación.

Lo que realmente aprendemos se convierte en nuestro tesoro con el paso del tiempo. Lo que no aprendemos un día, nos pesa cuando vemos su necesidad y miramos atrás haciéndonos conscientes del momento en el que no fuimos capaces de valorarlo.

Epílogo:

Aquel blogmaníaco no se contentó con coger un puñado, sino que se agachó nuevamente, cogió otro y lo metió en su otro bolsillo.

Aquel blogmaníaco no se conformó con llenar sus bolsillos, sino que quiso compartirlo con el resto de blogmaníacos. Y fue en búsqueda de los demás para contárselo.

Juntos escucharon la voz de Conchita y llenaron sus bolsillos de guijarros. Confiaron en su palabra, descubrieron guijarros de distinta composición y se enriquecieron ya antes de su conversión en piedras preciosas, porque comprendieron que el verdadero tesoro estaba en ellos y en la búsqueda que habían realizado.

Aquellos blogmaníacos no se conformaron con descubrir el tesoro, sino que se dirigieron a Conchita para agradecerle y compartir su tesoro de guijarros.

Pasaron los años, y aquellos blogmaníacos, no olvidaron su tesoro, y con la perspectiva que nos da la capacidad de mirar atrás, valoraron su tesoro de piedras preciosas y comprendieron que el verdadero tesoro eran ellos.

Se reunieron de nuevo, supieron los unos de los otros y decidieron compartirlo nuevamente con Conchita.

Y colorín colorado, no se crean que este cuento se ha acabado.

Quedan muchos cuentos por contar sobre las andanzas venideras de estos blogmaníacos. A buen seguro que compartirán algunas con nosotros y sabremos de sus aventuras y logros.
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